miércoles, 7 de mayo de 2008

Solo un mal día...

Aquella noche terminé, como tantas otras, desolado. Caminaba entre la invisibilidad de la madrugada. La calle vacía, yo solo en medio de la gran selva de cemento. Sólo deseaba desaparecer de ese mundo perturbante que, en ese momento, me invadía e impacientaba a la vez. Durante ese día, había sentido una eterna soledad desde que desperté. En ningún lugar hallaba compañía, un oído, o al menos, alguien que me venga a pedir alguna moneda para un objeto insano. No sentía a ninguno de ellos. Ellos, los demás, persiguen su objetivo durante el día tan linealmente que ya no se miran entre sí y, hasta es más, ya no se miran a si mismos. Yo, tan igual a ellos, me hallaba perdido, como un niño que perdió a sus padres en una salida y, desesperado, intenta encontrarlos para hallar su identidad. Tan perdido estaba que, además de no poder saber quién era,me hallaba perdido, como un niño que perdió a sus padres en una salida y desesperado, intenta encontrarlos para hallar su identidad. Tan perdido estaba que, además de no poder saber quién era, ni en qué época estaba viviendo, había perdido mi objetivo mientras caminaba. Me hallé en un lugar desconocido, en una calle cerrada y ahí mismo, mientras caminaba cabizbajo, frené al ver un bulto delante de mí. Tan raro era que, alcé la mirada mientras recorría su figura; lo creí un detective, y cuando intenté verlo a los ojos, noté que no tenía cabeza y el interior del tapado estaba vacío. Gran susto fue para mí. Pero no sentí rarezas en él. Él, al igual que los demás, se había perdido a sí mismo. Le desee buen viaje y seguí mi camino, que hacia aun no sé, se dirige.


viernes, 4 de abril de 2008

Fábula

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron la profundidad del hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se deberían dar por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Ella se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de las ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando. Pero la rana saltó cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo. Cuando salió, las otras ranas le dijeron "nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que gritábamos".

La rana explicó que era sorda, y pensó que las demás la estaban animando esforzarse más y salir del hoyo.

Moraleja

1- La palabra tiene poder de vida y muerte. Una palabra de aliento compartida a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo y finalizar el día.

2- Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentra desanimado puede ser lo que acabe por destruirlo. Tengamos cuidado con lo que decimos.

3- Una persona especial es la que se da tiempo para animar a otros.


En la NASA, hay un póster de una abeja, el cual dice así:

"Aerodinámicamente el cuerpo de una abeja no está hecho para volar, lo bueno es que la abeja no lo sabe"